Hannia Guillén, Teresa María Rojas y Javier Siut interpretan La repetición.
Por Jesús Hernández
La repetición de Antón Arrufat es una estampa crítica de la sociedad cubana de los años 1940. Una pieza escrita en 1963 cuyo realismo guarda cierta relación con la entonces naciente nueva Cuba. Muestra que curiosamente sube a escena tras la reaparición en La Habana de la obra que condenó al autor por varios años Los siete contra Tebas. Interpretación que el grupo teatral Maderamen asume bajo los auspicios del Centro Cultural Latin Quarter, la dirección de Nilo Cruz y la actuación de Teresa María Rojas en el Miracle Theater en Coral Gables. Una atractiva producción que reúne a la antigua profesora y directora del grupo escuela Prometeo con algunos de sus mejores alumnos.
Si utópico es imaginar una sociedad verdaderamente equitativa, donde todos pensemos lo mismo y vivamos igualmente bien; ingenuo es suponer que podamos representar fácilmente un argumento tan agudo en una obra que apenas supera los 45 minutos en escena. No obstante, Antón Arrufat se aleja de la complicada pauta que exige la dramaturgia para matizar su tesis con el ingenio criollo de fácil entendimiento. Viso que transforma a la pieza en otra de agradable estructura costumbrista que invita a la reflexión y guarda una escena final que fortalece a la obra.
Dos vecinas viven sus días de penurias económicas en medio de un entorno que no parece tener salida. Ambas provienen de generaciones diferentes, pero visten igual como señal de similitud y continuidad.
El personaje central es La vecina, casada y quejosa de lo mal que le ha tocado vivir. Culpa al marido por no salir adelante, al mismo tiempo que añora el amor que no alimentó. Un sobrevivir que plantea con aire de monotonía y maleficio familiar que reafirma su inercia ante la vida.