trazo casi japonés, nos transportan a una época inocente y a contextos rurales tocados por la gracia y armonía divinas. Adelson de Nueva York mostró Maud Stone’s de 1960 y el óleo Sheepskin. Surovak de Palm Beach puso en evidencia el lado poético de Wyeth con Marsh Hawk (1964) y el exótico Carnaval de invierno (1985).
Miami tuvo su representación en la American International Fine Art Fair. Durante la noche del vernissage, Cernuda Arte de Coral Gables, que en su espacio hizo gala de importantes maestros cubanos, tuvo al parecer una calurosa acogida. Al cerrar la fiesta había vendido cuatro obras incluyendo un Portocarrero.
Asimismo, la Spinello Gallery fue un riesgo de la feria: un riesgo que funcionó. La joven galería miamense mostró al artista cubano americano Enrique Gómez de Molina, hijo del taxidermista del Miami Museum of Science. Sus esculturas son fantasías basadas en Walton Ford, los conocimientos y destreza adquiridos de su padre y el surrealismo fueron imán para un público conservador pero con ojo para obras imponentes, de gran factura y con referencias a las bellas artes. Gómez de Molina construye caprichos tridimensionales que bien pudieran ser ilustraciones zoológicas del XVIII.
Para los floridanos la labor de Lee Ann y David Lester en la American International Fine Art Fair (fundadores de Art Miami y ahora dueños de la Miami International Art Fair) es testimonio de su tesón y visión profesional. Anualmente esta feria es un museo alternativo dentro de un área carente de perspectiva histórica en las artes plásticas.
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