corto, de medio lado, y ni para danzar se quitaban el sombrero de plumita larga”.
Muchas de estas crónicas han sido publicadas en la columna que Sánchez Boudy tiene semanalmente en Diario Las Américas, donde mantiene viva lo que ha denominado La Cuba Eterna. En el libro se hacen anécdotas de lugares, como el pueblo de Cojímar, Güines y otros puntos de interés. Sánchez Boudy es un hombre pintoresco, es parte esencial de los eventos que narra, por eso anteriormente mencionaba lo vivido, como algo esencial en sus narraciones, él es uno de los protagonistas, como en el titulado Vuelvo a coger la pita del papalote: “Fue el papalote –como dije en una estampa anterior– uno de los mayores entretenimientos de la niñez. Con qué avidez esperábamos, en la loma de Chaple [...] a que llegara la Semana Santa, y los vientos de Cuaresma...”.
El paso del tiempo, la modernidad y la destrucción sistemática por parte del castrismo del pasado, han hecho que muchos de los hábitos y tradiciones cubanas hayan desaparecido. Libros como los que nos entrega José Sánchez Boudy, refrescan la memoria, nos hacen regresar en el tiempo a esa Cuba Eterna, que hoy más que nunca, necesita de cronistas, que recojan con detalles, ese pasado.