Uno de los aciertos de las conmemoraciones por el 30 aniversario del éxodo del Mariel, fue el homenaje que se le rindió en Zu Gallery al desaparecido joven escritor y activista cultural Guillermo Hernández (1959-1988), organizado por iniciativa de Matías Montes Huidobro y Yara González Montes, quienes a su vez compilaron y editaron Memorias de un joven que nació en enero (Editorial Persona, Hawaii, 1991), una serie de textos dispersos y diversos del malogrado joven.
Retomar el libro, permite apreciar y disfrutar del talento de Hernández y de sus propósitos como escritor, pero también como militante anticastrista y promotor cultural. Concretar a lo largo de su breve vida proyectos que a muchos les lleva décadas apenas emprender, es un verdadero desafío que sobrepasa las posibilidades reales, ya no sólo de cumplirlos, sino de emprenderlos. Guillermo Hernández logró, en su conjunto, sus fines.
Cuando llegó al exilio vía Mariel con 21 años, ya venía marcado por los abusos físicos, los actos de repudio que tuvo que soportar por el solo hecho de querer abandonar la isla, y conciente de que Cuba necesitaba un cambio hacia la libertad y la democracia. En la sección que recoge sus poemas, se aprecian esas inquietudes: “Cuánto costó decir/ después del llanto,/ del terror de la fiera/ y de la herida,/ que en el cielo y la tierra/ para los hombres libres/ como aman las rosas,/ nos amamos”, expresa en Cuánto costó nuestra esperanza.
Hernández fundó en 1985 la Casa de la Cultura Cubana, de la que fue su presidente y cuyo legado es significativo para el impulso de la cultura de los cubanos: “Fue un sitio mágico donde súbitamente se rompía la barrera del tiempo y del espacio y entrábamos en Cuba”, escribió Reinaldo Arenas sobre la Casa de la Cultura.
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