El musicólogo cubano Antonio Gómez Sotolongo (Aguada de Pasajeros, 1954), es músico instrumentista e investigador. Graduado en el Instituto Superior de Arte en La Habana, donde obtuvo el diploma de Licenciado en Música, ha emprendido algunos estudios sobre la música cubana, que ha dado a conocer en revistas y publicaciones especializadas. Actualmente reside en Santo Domingo, donde se desempeña como contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Algunas de sus valoraciones sobre música se recogen en Sin embargo Son, con embargo Salsa (Editora Búho, Santo Domingo, 2007), seis textos donde se refiere a instrumentos musicales, compositores e intérpretes de gran significación para la música cubana e internacional.
El primer artículo se centra en el uso de los tambores batá en orquestas y grupos populares. Luego de hacer una sucinta historia sobre los instrumentos africanos, indicando que se trata “de un conjunto integrado por tres tambores de doble parche”, señala: “El más graves, el iyá, palabra que significa madre en lengua yoruba, suele ejecutar figuraciones rítmicas [...] Este tambor tiene en cada uno de sus bordes, amarrados con cuerdas de cuero, distintos tipos de sonajas, sean cascabeles, campanas o cencerros”. Los tambores medianos y pequeños se llaman itólele y okónkolo. “El conjunto batá”, añade Gómez Sotolongo, “se acompaña además por una hoja de azada, que es percutida con una varilla de metal, y otras sonajas”.
En el segundo texto hace un recorrido biográfico sobre la vida y obra del maestro Ernesto Lecuona. En el siguiente artículo, La vida es un bolero, se documentan las figuras que pusieron el género en los primeros lugares del gusto popular. “El bolero, como especie vocal-instrumental bailable llegó a la década del cuarenta y sirvió de fuente para el denominado movimiento del filin”.
Sin embargo Son, con embargo Salsa,
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