Entre los temas recurrentes en la literatura del escritor cubano José Abreu Felippe (La Habana, 1947) está la familia. El autor ha estructurado casi toda su obra, tanto en poesía, narrativa o teatro, teniendo como soporte a los seres queridos; y por añadidura, otras dos vertientes (muy relacionadas) que tienen que ver con el equilibrio y la armonía: el amor y la libertad.
Tres piezas (Editorial Silueta, 2010), abre con Orestes, una obra corta y en un acto, donde Abreu Felippe, alimentándose del mito clásico de Orestes, (en que el hijo de Agamenón y Clitemnestra, evitó la muerte gracias a su hermana Electra, que lo sacó del país cuando lo querían asesinar), teje un armónico y alegórico texto sobre la libertad y la necesidad de escapar de un cerco donde no hay esperanzas.
Esta pieza fue escrita en La Habana, en enero de 1975, en medio de una de las más crudas etapas en la isla, donde la desesperación y el desaliento marcaban la cotidianidad. Uno de los diálogos resulta esclarecedor en cuanto a la intención del autor: ELECTRA: ¿Qué sentido tiene permanecer aquí? Huyamos, no lo aplacemos más. Sigamos el curso del río esta misma noche. Pensemos que aún existen sitios tranquilos donde hay hombres que viven, que viven sencillamente. ORESTES: ¿Viven? ELECTRA: Sí, viven. ORESTES: Pero allí, seremos extraños, forasteros, extranjeros... ELECTRA: No hay tierra extraña, sino hombres extraños.
Si Orestes puede mirarse como un anticipo de lo que significa el exilio, Abreu Felippe lo esclarece en la siguiente pieza Rehenes, un texto fechado y ambientado en Miami en el 2001, donde el choque generacional y cultural rige la narración. Estructurada al estilo del antiguo teatro griego (estrofa, antistrofa y epodo), Rehenes es una obra moderna, descarnada, donde la libertad vuelve a estar en cuestionamiento,
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