"Retrato de Kangxi en traje ordinario", obra anónima (1662-1722)
El Museo del Louvre propone dos exposiciones, un contrastado viaje por el tiempo y el espacio: del reino de Alejandro Magno y la antigua Macedonia a la relación entre los emperadores de la Ciudad Prohibida y los reyes de Francia.
Cerca de 500 obras ilustran la muestra "Au royaume d'Alexandre le Grand. La Macédoine antique", que abrió sus puertas y hasta el próximo 16 de enero, reunidas por el departamento de antigüedades etruscas y romanas del Louvre, en colaboración con sus colegas griegos y con el apoyo del ministerio de Cultura heleno.
La mayor parte de las piezas, muchas de ellas descubiertas recientemente, han sido nunca antes presentadas en Francia, informa la agencia de noticias Efe.
Juntas dibujan la historia y el apogeo de la antigua Macedonia, desde el siglo XV antes de nuestra era hasta la Roma imperial, así como su ascenso a la cúspide del poder en manos de soberanos como el célebre Alejandro Magno.
Los comisarios de la muestra subrayan que hasta 1977, cuando se investigaron en Vergina varias sepulturas reales, no se tenía verdaderamente conciencia del enorme valor arqueológico conservado en el norte de Grecia.
Entre las tumbas, todas ellas intactas, descubiertas en ese lugar, identificado como el de la primera capital del reino de Macedonia, se encontraba la de Filipo II, padre de Alejandro Magno.
Los descubrimientos de gran magnitud se sucedieron luego a un ritmo vertiginoso.
Otros yacimientos y otras necrópolis macedonias revelaron pronto el fasto de una clase de notables de una elite aristocrática, amante de un arte de corte particularmente refinado.
Ejemplo del exquisito gusto reinante y del virtuosismo de los artesanos de la época son algunas joyas de oro, en particular dos espectaculares coronas de guerrero, una de hojas de castaño y otra de
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