Hay veces que las inspiraciones vienen de las partes menos esperadas. Como, por ejemplo, el día más sombrío. Embebido de una lluvia que llevaba tres días sin parar. Las calles y aceras inundadas de agua, mientras el periódico frente a la casa flotaba hacia a la de tu vecino como un barquito de vela. Y a pesar de esto y de tus pies mojados, sonríes y sientes entusiasmo. ¿Será porque es fácil distinguir el rayo de luz entre lo oscuro?
Uno pensaría que las soluciones se presentan mejor cuando todo anda bien. La tranquilidad clarifica. O, que el camino con el esplendor del sol se distinga con más facilidad. Uno lo pensaría pero no siempre es así, por lo menos no conmigo. Los días tristes y oscuros son días de inspiración para mi. Días de reflexión y organización. Días productivos. Veo mejor lo que hay que hacer y por motivos desconocidos, las cosas tienden a irme favorable. ¡Extraño, pero así es!
A todo hay su solución, la cosa es verla. Quizás lo que se necesita de vez en cuando es un poquito de oscuridad para ver ese rayo de luz. En realidad esa luz, por llamarla así, siempre ha estado allí pero se confunde entre tanto resplandor. Muchas veces creo que desde arriba mandan días como estos últimos precisamente para mi. Cuando notan que llevo mucho tiempo dando vueltas buscando ponerme de nuevo en mi carril ¡Dios decide tapar un poco el sol!
¡Hasta la próxima!
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