Los Relatos de Maurice Sparks son osados, no sólo en lo que dice, sino en cómo lo expone. No hay excesos en el lenguaje, sino más bien un desenvolvimiento a lo Bukowski, donde el desenfado marca el ritmo y el impacto del relato, pero dejando para el final, un cuidadoso espacio que invita a la reflexión. Ernesto G. escoge con precisión, inteligencia y agudeza las palabras para tejer sus historias, por lo que el lector disfruta de una lectura placentera, con situaciones inquietantes, donde todo está en orden, sin excesos, pero también sin limitaciones. Una de las características de este libro, es adentrarse en difíciles contextos y hacerlo con gran desenfado, pero también con gracia y elegancia.
Dividido en tres secciones que casi se interrelacionan, Cualquiera es un Maurice, La primera vez fue en el carro y Los efectos secundarios, el lector disfrutará de una prosa amena, oraciones cortas y contundentes, narraciones con finales sorprendentes: “María me dijo que no sabe amarme. Yo le dije que no sabía enamorarla. Ayer fuimos al cine. A ella le gustó la película pero a mí no. La semana que viene vamos a la ópera. Algo me dice que no nos va a gustar a ninguno de los dos y ahí finalmente acabará todo”.
Ernesto G. demuestra dominio narrativo en estos relatos. No hay nada a la ligera, por el contrario se aprecia una cuidada coordinación. El autor nos brinda, a través de unos textos aparentemente sencillos, su visión de las relaciones humanas y la convivencia.