Los hijos de un ser muy querido están conmigo por un tiempo mientras se establecen en su nueva ciudad. Provienen del norte y después de varias visitas a Miami, encantados con la metrópoli y su gente, tomaron la decisión de mudarse hacia el sur.
Los hermanos son un poco menor que mis dos hijas, quienes luego de terminar los estudios en la universidad van bien encarriladas en sus carreras. Ellos dos apenas comienzan sus estudios superiores. El mayor sabe exactamente lo que quiere, el otro no lo tiene tan claro. ¡Le vendrá! Miami tiene su manera de convencer a uno.
Me veo con el “nido” lleno otra vez. Encaminando y orientando en lo que puedo. Es un poco distinto cuando no son tuyos, pero a pesar de eso, no dejas de sentir algo de responsabilidad.
Mis hijas terminaron sus estudios cuando apenas comenzaba la crisis de la economía. El mundo era muy distinto en aquel entonces. Si, el 9-11 había golpeado al país pero andábamos. O por lo menos creíamos que sí.
El futuro de nuestro país y el mundo está en la juventud. Pero nos toca a nosotros prepararlos para tomar las riendas de lo que van a heredar. ¡Los pobres! dirían algunos y quizás yo también hace algún tiempo. Pero al verme de nuevo en el papel como asesora, por decirlo así, me doy cuenta que son ellos los que me están inspirando.
Buscando como alertarlos sobre el mundo que enfrentan y enfrentarán, siento de nuevo fe en el ser humano. Así como la convicción de que hay que batallar por ella. Siento esperanza y creo en el futuro. Sin ser así fallaría en mi labor con ellos y mis hijas, quienes todavía buscan mis consejos.
No me engaño, el mundo no pinta muy bonito en estos momentos. Pero no me doy por vencida ni le traspasaré esos sentimientos negativos a nadie. Sería contraproducente. Recordar que la noche con su oscuridad siempre termina con el levante del sol y un nuevo día.
¡Hasta la próxima!
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