Además de la condición de mujer, a las cinco escritoras que integran la antología Indómitas al sol (Editorial Betania, Madrid, 2011), compilada por el poeta y editor Felipe Lázaro, las une el haber salido de Cuba en los años 1960, todas, siendo niñas o muy jóvenes. Esto lleva a otro factor que las relaciona, la cultura estadounidense en torno a sus vidas. Pero hay mucho más, Magali Alabau (Cienfuegos, 1945), Maya Islas (Cabaiguán, 1947), Alina Galiano (Manzanillo, 1950), Lourdes Gil (La Habana, 1950) e Iraida Iturralde (La Habana, 1954), residen en Nueva York, y llevan lo cubano muy dentro de su ser.
Aunque el libro no tiene un prólogo del compilador, que establezca el criterio rector para convocar a estas cinco escritoras, pienso que los aspectos antes señalados podrían ser los puntos donde convergen estas mujeres, que destacan entre las más notables voces femeninas del exilio.
El libro lleva prólogo de Odette Alonso (Santiago de Cuba, 1964) escritora residente en México, que nació cuando algunas de las poetas antologadas ya estaban en el exilio. Alonso señala que: “Las actuales exponentes de la lírica cubana del exilio y la diáspora son herederas de la tradición sembrada por Gómez de Avellaneda y cultivada durante más de una centuria por otras tantas poetas que han tenido que vivir fuera de Cuba”. Cada autora tiene su espacio para mostrar su poesía, y al final aparecen tres ensayos críticos de Elena M. Martínez, Perla Rozencvaig y Mabel Cuesta, poniendo en contexto la poesía de las antologadas.
Indómitas al sol acoge la fuerte voz del exilio cubano. Cada una de las autoras expone sus fantasmas, dialoga consigo misma: “Mientras miras esa separación/ de yo y esa, la irreconocible espectral/ ha tomado posesión de tu persona./ Te ha engañado otra vez en
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