A Esther Chávez la veo con mucha frecuencia en los teatros de Miami, como público, o acompañando y aplaudiendo a su talentosa hija la actriz Ivette Kellems. Me identifico con ella, con esa mamá orgullosa de su hija a la que apoya con entereza y dedicación. Sin embargo quedé sorprendido cuando me la encontré en escena, actuando espléndidamente en Ñeque o de piojos y actores, la obra de José Sanchis Sinisterra durante el TEMFest 2011. Nunca imaginé (perdonen mi ignorancia), que Esther Chávez fuera actriz, que tuviera una larga y exitosa trayectoria en el teatro, el cine y la televisión peruana (incluso internacional) y mucho menos que, además, fuera la autora de La morena de “Abajo el Puente” (Lima, 2010), sus memorias escritas en tercera persona.
El libro es una descarnada mirada a una vida plagada de obstáculos. Esther cuenta con sencillez sus avatares desde la infancia, el rechazo que recibió de su padre, la extrema pobreza en que creció: “El cuarto en el cual vivían era mísero, de paredes rajadas, el techo estaba tan apolillado, que los rayos del sol se veían por ciertos lugares huecos”. Desde adolescente trabajó en casa de familias ricas, donde “en lugar de tratarla como una empleada, la trataban como otro miembro de la familia”. Eso le permitió aprender a tocar el piano, que le valió mucho en su vida, pues años después impartió clases para sobrevivir. En otros momentos fue abandonada por hombres que le hicieron daño. Tal vez por ello señala con determinación que: “He querido contar esta historia para que sirva de ejemplo a muchas mujeres que abandonan a sus hijos o a aquellas que pierden la esperanza y la fe ante las batallas de la vida. Dios está siempre con nosotras”.