Para Las horas (Colección Strumento, 2011) la escritora guantanamera Ena Columbié convoca a cuatro poetas cubanos, todos residentes en Miami, para que muestren sus inquietudes sobre el inexorable y avasallador paso del tiempo. Columbié hace este llamado evocando el poema Las horas de Julián del Casal (1863-1893) aparecido el mismo año de su muerte en el semanario La Habana Elegante: “Yo las siento pasar sin dejar huellas/ Cual pasan por el cielo las estrellas,/ Y aunque siempre la última acobarda”; así como las “respuestas”, una con un tono más optimista y cierto humor de la escritora puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió (1843-1924): “Y mi hora postrera sólo ansío/ Que llegue lo más tarde al hogar mío”, y el soneto de Alfredo Zayas (que llegaría a presidente de la República de Cuba), donde expresa: “¡Qué iguales son las horas! Cual de un río/ Ondas que pasan en desfile eterno”.
La antóloga cita también un poema de Eugenio Florit (1903-1999) sobre el mismo tema, señalando que: “Ochenta años después de aquel intercambio de sonetos, Eugenio Florit decide retomar la tradición y lanzar un contundente soneto a las horas, como homenaje a Casal”, donde expresa: “¡Qué lentas son las horas! Cual camino/ que bajo el cielo extiéndese sin meta”.
Estas visiones sobre el universal tema del paso del tiempo han motivado a Ena Columbié, quien intenta “encontrar una sucesión evolutiva”, para su libro usando “no sólo la poesía escrita, sino también la del tiempo, captada en imágenes”. De manera, que en esta edición limitada de 100 ejemplares numerados, se interrelacionan los poemas de Manuel Santayana (1954), Carlos Pintado (1974), Noemí Luis (1968) y Redel Frómeta (1967), con las visualizaciones que del tiempo brindan en imágenes los artistas cubanos Osmany Ricardo Ávila (1970), Delio Regueral (1964), Carlos Rostgaard (1980) y
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