Confieso que me cuesta trabajo decir adiós al año que termina. No puedo creer que los días y meses pasen tan rápido. No quiero caer en el cliché “parece que fue ayer” pero así es.
El fin de año trae alegría pero también reflexión porque no cumplimos muchas de las resoluciones que prometimos el 1 de enero pasado. Meditación por aquellas cosas que tenemos y no valoramos por falta de no sé qué. Digamos la paz, la libertad y el bienestar que disfrutamos a diario.
Basta leer el recuento de año para darnos cuenta cuán afortunados somos. Cuán afortunada soy porque tengo un techo sobre mi cabeza, una refrigeradora con comida y un grifo con agua limpia a cualquier hora. Cosas aparentemente muy sencillas que faltan en muchos lugares del mundo.
He decidido dar gracias a Dios, mi familia y amigos por lo mucho o poco que tengo. A los lectores de La Revista por la lectura y los siempre necesarios comentarios ¡Gracias a todos!
¡Felicidades!
¡Nos vemos el próximo año!
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