Unos le admiran por sus películas de aventuras pero otros lo prefieren cuando asume papeles serios. Una virtud que el actor español retoma en La piel que habito para colocarlo a la puerta del premio Goya en España por cuarta vez.
De hecho, Antonio no ha logrado ninguno de los grandes premios a un lado o el otro del Atlántico. Sea Goya, Globo de Oro, Emmy o Tony, el actor se ha quedado con las ganas de recibir el trofeo.
“Soy el eterno nominado, pero no tengo ninguna espina clavada”, afirmaba durante una entrevista telefónica desde Los Ángeles, al mismo tiempo que agregaba sentirse satisfecho con las muchísimas nominaciones.
Antonio Banderas optó por primera vez al Goya con Matador en 1986, luego con Átame en 1991 y más tarde Two Much en 1995. No obstante, La piel que habito podría darle el título de profeta en su tierra finalmente. Puesto que debe defender ante José Coronado por su papel en No habrá paz para los malvados, Daniel Brühl por la interpretación en Eva y Luis Tosar que va por Mientras duermes.
“No creo en la competición en el mundo del arte, donde todo es en realidad subjetivo”, planteaba. “Así que no tengo miedo a mis rivales, sino mucho respeto”, añadía.
“No he trabajado demasiado en el cine español”, comentaba. ¿Demasiado? Ni tan siquiera suficiente. La piel que habito, precisamente bajo la dirección de quien lo convirtiera en actor internacional, es su primera interpretación en tierra ibérica desde 1995. Un filme que opta por 16 premios Goya. Suma que lo coloca como favorito en la vigésima sexta edición de los galardones del cine español. Un filme de Pedro Almodóvar que tiene madera pero dista de la irreverencia que caracteriza al consagrado realizador.