En la primera página aparece el rostro joven y vital de Juan Pereira Varela, “Juanín”. En las siguientes, se narra la historia de este militante del Directorio Revolucionario Estudiantil (D.R.E.) que fue abatido el 17 de diciembre de 1961, en un enfrentamiento con la milicia castrista en Pinar del Río. Se acaban de cumplir 50 años de su muerte y un grupo de amigos evocan su memoria en Juanín, ¡presente! (Ediciones Universal, 2011), libro al cuidado de Cecilia la Villa de Fernández Travieso.
Una veintena de compañeros de aula, de fe religiosa y de militancia revolucionaria, lo recuerdan con sentidas palabras. Las mayoría de los testimonios se refieren a él como un hombre (más bien un joven, pues al morir apenas tenía 20 años), muy entusiasta, inteligente, ganador de competencias de natación en la escuela, de sólida formación religiosa y hábil en actividades de clandestinaje y conspiraciones. Fue un luchador por sus ideales y murió defendiendo esos principios de libertad.
El primer trabajo del homenaje es un poema de Eduardo Habach, su maestro de religión en el Colegio Baldor de La Habana. El poema, fechado en 1962, termina diciendo: “En tu tumba, la cruz;/ Tu recuerdo en el alma;/ Y allá arriba, la estrella;/ Acá abajo las palmas,/ Tu rezando por Cuba.../ Por ti llora la patria”.
La primera narración testimonial la ofrece el escritor J. A. Albertini, centrándose en una reunión de coordinación del movimiento donde lo conoció con el nombre de guerra de Miguel Ángel. Albertini se refiere a una indiscreción de alguno de los asistentes que lo llamó Juanín: “Sobrevino un silencio tenso que Juanín rompió: ¡así es imposible conspirar con seriedad!, dijo conteniendo la ira. Para todos sigo siendo Miguel Ángel, no más indisciplinas, precisó con tono duro”.